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19 de septiembre de 2024

El final de una etapa


Podemos decir que nuestra "escuela en casa" llega a su fin.
Realmente, terminó el pasado mes de junio, momento en que B finalizó lo que hubiera sido su etapa de escolarización obligatoria.
Ya no tenemos que "tener cuidado", ya no hay miedos ni medias verdades ni hace falta ser discretos. Podemos gritar a los cuatro vientos que nuestro hijo aprendió (la mayor parte de su vida) fuera del sistema escolar.
 
Han sido años de compartir desde aquí, de conocer a otras familias en nuestro mismo camino, de aprender de quienes comenzaron antes y tenían más experiencia, de crear lazos.
Espero haber servido de inspiración a alguien y que las ideas y recursos compartidos hayan sido de utilidad.

Últimamente el blog ha estado muy abandonado. Al crecer mi hijo y cambiar su forma de aprender ya no tenía tantas novedades para compartir, se fue acabando mi creatividad y él pasó a ser el protagonista absoluto, quedando yo casi como simple espectadora. Es lo natural, así debe ser.
De todas formas, dejaré el blog abierto porque veo que hay personas que siguen pasando por aquí, igual que nuestro primer blog B aprende en casa.

Si os preguntáis cómo va mi hijo, está a punto de comenzar sus estudios de idiomas en un centro oficial, es lo que ha elegido, acompañándose de otras formaciones para complementar su perfil que, de momento, parece que tira para el mundo del turismo. Pero el tiempo nos mostrará. Si algo hemos aprendido es que los planes están para cambiarlos cuando así lo sintamos.
No hay título de ESO porque de momento no lo quiere ni lo necesita. Hay muchas opciones para formarse sin titulación, más de las que pensamos. Y si alguna vez cambia de idea, siempre está a tiempo de prepararse sus exámenes y sacar cualquier título que pudiera necesitar.

Finalizo agradeciendo.
Agradezco a Allah, por encima de todo, por habernos permitido educar a nuestro hijo en familia sin denuncias ni problemas, conviviendo todos juntos, viajando juntos y compartiendo juntos cada día al máximo, eligiendo qué aprender en cada momento sin interferencias externas.
En el plano humano, agradezco a todas las personas que nos habéis acompañado estos años y a quienes nos habéis aportado con vuestros blogs, vuestras ideas, vuestros consejos, vuestro apoyo y el material que en tantas ocasiones habéis compartido desinteresadamente.
Hemos seguido con afecto el proceso de otras familias y otros niños que avanzaban en un camino parecido al nuestro.
Para todos ellos (incluido B) deseo que hayan vivido esta experiencia como algo muy valioso en su vida. Y que sus padres y madres se sientan tan satisfechos como nosotros.

Hasta siempre.



7 de abril de 2022

Desmotivado


Conté en esta entrada que B lleva una temporada desmotivado en sus actividades.

Su aburrimiento y desgana nos llevó a discutir alguna vez y llegué a la conclusión de que no merecía la pena aprender en un mal ambiente.
Así, empecé a quitarle tareas y dejar solo mis imprescindibles (matemáticas, lengua, religión y los idiomas) y los proyectos pedidos por él.
 
Más tarde me encontré con que la forma de enfocar lengua y matemáticas tampoco le interesaban y empecé a "romperme la cabeza" para encontrar otras formas más entretenidas que al principio parecieron funcionar, pero al pasar el tiempo tampoco resultaban.
Mi frustración era grande porque yo invertía demasiado tiempo en preparar cosas que no funcionaban.

Me llevé una gran sorpresa cuando dejaron de interesarle sus propios proyectos, las cosas que él había pedido aprender porque quería saber sobre ellas.

Nos sentamos a hablar seriamente un día porque yo ya no sabía qué ofrecerle ni cómo.
Quería escuchar sus motivos, sus necesidades, alguna pista...

Me dijo claramente que no quería hacer nada.
Le fui enumerando las actividades que habíamos tenido hasta ese momento y a todo dijo que no, que ya no quería seguir porque no le interesaba.
No quería leer más, no quería escribir, no quería dibujar, recortar o pegar, no quería memorizar, no quería traducir, no quería calcular, no quería ver vídeos educativos, no quería apuntarse a ningún curso...
Todo le parecía una pérdida de tiempo y cosas que, según él, no sirven para nada en la vida.
Le pedí, a cambio, que me dijese qué tipo de tareas o actividades proponía a cambio.
Y la respuesta fue nada.
 
Su plan era levantarse y no hacer nada hasta después de comer, que es cuando le dejamos usar pantallas para su ocio.
 
Desde entonces he reducido sus actividades dirigidas al mínimo.
 
Ahora estamos con unos días de vacaciones, pero a la vuelta es urgente cambiar todo esto. 

Siempre he intentado respetar sus intereses y buscar la manera de motivarle con los contenidos y materiales.
Me he complicado mucho la vida preparando cosas para él, pero lo daba por bueno si así aprendía con ganas. Porque si no, no tenía mucho sentido.
Pero no hacer nada no es una opción.

Como decía, después de estos días de descanso voy a tomar las riendas de todo y a dirigir más las cosas a la espera de que él vuelva a tomar en serio su aprendizaje, vuelva a hacer propuestas y decida qué le motiva.
Mientras tanto yo decido por él, es mi responsabilidad y para mí no cabe dejarle sin hacer nada.
 
Veremos cómo va avanzando todo esto.
 
 




27 de diciembre de 2021

Lo que siento y lo que hago


Creo que, a pesar de los años de aprendizaje sin escuela, hay una parte de mí que aun no ha logrado desescolarizarse del todo.

Pensaba esto mientras recordaba la imagen del archivador de B, donde guardo sus actividades escritas y mis registros.
Este archivador lo estamos usando desde septiembre y ya está lleno de papeles, casi no cabe más. Vale, es cierto que no es uno de los más gordos, pero me asusta ver todo lo acumulado en cuatro meses.
Quizá para otra persona es un volumen de páginas normal, o incluso poco, porque tampoco hacemos muchas cosas cada día... Pero me ha dado para pensar cuál es el objetivo de todo eso.
Acumular páginas en un archivador que luego irá dentro de una caja que luego quedará guardada en un armario.

Seamos realistas, son pocas las veces que nos ha dado por mirar (o hemos necesitado ver) trabajos hechos otros años.
No sé si B algún día querrá tener todo eso como recuerdo o lo tirará a la basura.
De momento nos sirve para justificar todas las actividades escritas realizadas en estos años. Como siempre, el por si acaso...
Pero hay tantas actividades en las que no hemos escrito nada y tantos aprendizajes que no llevan ninguna actividad dirigida...

Mi hijo me sorprende muchas veces con datos e información de las cosas que le gustan y aprende solo. Fechas, nombres, acontecimientos... cosas que yo desconozco y que quedan grabadas en su cerebro sin necesidad de escribirlas, solo porque le importa.
Y entonces siento que esa es realmente la manera y el verdadero aprendizaje.

Pero luego me sorprendo a mí misma proponiendo más páginas para escribir.

Cada cierto tiempo reflexiono e intento cambiar y mejorar cosas. Voy quitando, voy poniendo, voy cambiando... Le pregunto a B su opinión sobre nuestra manera de hacer las cosas, aunque más de una vez me he encontrado con que no es sincero del todo y me dice lo que cree que yo quiero oir.

Hoy hemos hablado en pareja, los adultos, y hemos estado de acuerdo en que sobran tantos papeles y que la mejor manera de aprender es leyendo, narrando y comentando lo que hemos leído.

Se quedan los cuadernillos de ejercicios de lengua y matemáticas.
Se quedan las redacciones en español y en inglés.
Se quedan aquellos proyectos en los que B decide escribir y dibujar cosas (como el de Estados Unidos, con el que está ahora).
Se queda la caligrafía en árabe porque la única forma de mejorar la escritura es escribiendo.
Y esto no se hace todos los días.
Pero todo lo demás se aprende leyendo, hablando, mirando vídeos, haciendo salidas o resolviendo actividades en el ordenador.

Trabajo para que lo que siento y lo que hago se acerquen lo máximo posible.




 

15 de junio de 2021

¿Volveré a comprar Mad Libs?


Hoy B ha terminado su librito Mad Libs que le compré para practicar con las categorías gramaticales de una manera diferente y divertida. Aquí escribí sobre ello.

Hay algunos títulos más en la colección y estuve pensando si comprar otros... He decidido que no. Básicamente porque mi hijo me ha dicho que no quiere que compremos más, pero también tengo mis motivos.

Ha sido una buena compra y hemos pasado ratos divertidos leyendo las historias que han salido.
B ha repasado gramática, que era mi objetivo principal.
Pero pienso que no es necesario comprar estos libros para conseguir el mismo resultado. 
La idea es muy buena y se puede adaptar en casa fácilmente: seleccionamos un texto, borramos las palabras de las categorías que queremos trabajar dejando los huecos en blanco y presentamos una actividad que consiste en pensar palabras que cumplan los requisitos para incluirlas en el texto inicial y ver el resultado.

B ya hizo algo parecido cuando era más pequeño. A partir de un poema eligió dos palabras para sustituir a las originales y le quedó algo muy bonito, en ese caso no era en plan historias locas, sino algo mucho más poético.

Y si lo hacemos casero podemos hacer todas las adaptaciones que necesitemos: elegir concretamente qué necesitamos repasar o incluso centrarnos en conceptos como sujeto y predicado, sintagma nominal, etc.

No es demasiado complicado de hacer y está bien quedarnos con las buenas ideas.


 




9 de junio de 2021

Cómo va con el inglés...


El nivel oral de B en inglés es bastante bueno, tanto para hablar como para entender. Y tengo que reconocer que muchísimo de eso se debe a los ratos de pantallas.
En sus ratos de ocio hay bastante tiempo (demasiado para mi gusto) de mirar vídeos y él ha elegido el inglés como idioma principal para esta afición, básicamente todo lo que ve y escucha es en inglés.
Incluso cuando graba sus propios vídeos también lo hace en inglés.
Chatea en inglés con varios amigos de otros países.
Los libros que decide comprarse los elige en inglés aunque existan en versión española.
Y se siente muy cómodo con este idioma.

Otra cosa es el tema académico, me explico:
Él maneja perfectamente la gramática inglesa de una manera natural, sabe cuándo tiene que usar cada tipo de palabra, sabe conjugar verbos, etc... pero sin ponerles nombre. Para mí esto está bien, pero no puedo evitar pensar a veces en los posibles exámenes de inglés que tendrá en un futuro y para los cuales hay que prepararse de otra manera. Porque yo ya he echado un vistazo a esos exámenes de otros años y no importa tanto lo bien o mal que hables y comprendas inglés, sino el saber poner un nombre gramático a todo eso. Bastante artificial, pero es lo que hay.
Por esto, de vez en cuando me invaden los miedos y siento la compulsión de volver a los libros de texto. Esos libros repetitivos en los que año tras año se tocan los mismos temas gramaticales.
Por suerte se me pasa pronto.

Años atrás B usaba libros de texto para inglés, incluso brevemente estuvo apuntado en una academia.
En septiembre del año pasado nos regalaron unos libros de texto con los que B comenzó sus ejercicios de inglés y de los que pronto se aburrió. Entonces se me ocurrió cambiar el método y ofrecerle a cambio revistas en ese idioma dirigidas a adolescentes (aquí lo conté). Fue un gran éxito y seguimos con ellas, todavía quedan varias por leer.

Pero de vez en cuando me vuelven las dudas sobre el tema gramatical y los futuros exámenes escritos, no puedo evitarlo.
Ya tenía elegido el próximo libro de texto cuando me di cuenta de mi error. Si le va bien así, si va mejorando mucho, si aprende y se maneja bien... ¿para qué cambiar ahora?
Esos futuros exámenes (posibles exámenes...) en caso de darse, serían:
- Si quisiera entrar en la academia oficial de idiomas y hacer una prueba de nivel a los 16 años (antes no se puede).
- Si se presentase al exámen por libre para acceder a formación profesional de grado medio en el año en que cumpla los 17.
- Si se presentase por libre al exámen para sacarse el título de la ESO en el año en que cumpla los 18.

B tiene ahora 12 años y medio. Todo eso queda lejos todavía. Incluso aunque nos planteemos comenzar a preparar esos exámenes un par de años antes (para ir con bastante margen), todavía queda lejos.

He vuelto a la cordura y descarto los libros de texto que miré.
Seguirá con las revistas que tanto le gustan, con sus ratos de internet en inglés, con sus propias grabaciones en inglés...
Además usamos bastante material en inglés para otras materias, que él resuelve en español, pero que sirven para aprender nuevo vocabulario y comprensión. Por ejemplo, el journal de Minecraft con el que trabaja a diario, el material de pensamiento crítico y escritura creativa que hace cada semana, el imprimible que usamos para aprender nuestra religión... y varios otros que hemos usado y usaremos.

Cuando llegue el momento de preparar algún examen cambiaremos de estrategia, pero no hay prisa porque si miramos los índices de los libros de texto vemos que las mismas cuestiones gramaticales se repiten año tras año. Sinceramente creo que no le resultará difícil ponerse al día en unos cuantos meses.


8 de marzo de 2021

¿Historia del mundo?


Dice nuestro libro de historia del mundo que el imperio mongol fue el imperio contiguo más extenso que haya conocido la historia.
Sin embargo, apenas le dedican tres líneas en todo el libro.
 
Según vamos leyendo los capítulos de los libros de historia mundial nos preguntamos si el mundo es solamente Europa, sólo Occidente, si el resto del mundo no existía o en otros continentes no pasaba nada... si la historia mundial es sólo de una determinada religión, de una cultura dominante en nuestro entorno... si otras personas de otras religiones, de otras culturas, de otros lugares, de otras razas, no hicieron nada importante digno de mención.
 
Tenemos bastante cerca países de los que no sabemos absolutamente nada, ni de antes ni de ahora, y nos sabemos al detalle la historia de otros de los que nos separan océanos.

Los libros de historia nos machacan una y otra vez con lo mismo hasta hacernos llegar a creer que somos el centro del mundo y todo hay que interpretarlo bajo nuestro prisma.
Lo demás no importa, lo demás no existe.


12 de junio de 2020

Aprendiendo a ser más realista con los experimentos


En general, cuando comenzamos con la educación en casa y nos ponemos a planear actividades y currículos, una de las cosas que solemos introducir son los experimentos científicos.
Está claro que la ciencia se comprende mejor si podemos tener experiencias sobre cada tema, observar y sacar conclusiones.
Cuando los niños son pequeños, son sobretodo experiencias sensoriales con colores, sonidos y texturas. Y según van creciendo ya vamos tocando los temas que suelen aparecer en los libros.

Desde hace más de un año B y yo hacemos experimentos de manera programada. Él lo pidió.
Hemos estado siguiendo algunos libros de ciencias y haciendo las actividades propuestas, básicamente cosas de química y física sencillas.
Pero la cosa se ha complicado desde que pasamos al libro de tecnología.

La idea para trabajar con este libro era ir leyendo cada tema, ampliar con otras lecturas o vídeos y realizar algún experimento relacionado.

Tengo que confesar que el asunto de los experimentos de tecnología me sobrepasa.
Nada que ver con las mezclas de sustancias, los volcanes de vinagre y bicarbonato o la leche y los colorantes...
Últimamente llevamos varios intentos fallidos. Cosas que parecen fáciles en los vídeos de tutoriales, pero que a nosotros no nos salen o mecanismos para los que se necesita material que no tenemos.
Aparte de que no somos muy habilidosos para ciertas manualidades y cuando intentamos reproducir lo que queda chulísimo en las fotos de otros... a nosotros nos sale un "churro".

Así es que llega el momento de ser realistas y no complicarnos la vida en exceso.

El día semanal de tecnología queda así:
- Leemos el capítulo correspondiente
- Vemos algún vídeo educativo sobre cómo funciona el aparato en cuestión
- Aprovechando que suelen nombrar al inventor, investigamos un poco sobre él
- Y si realmente está en nuestro nivel y posibilidades, intentamos algún experimento sencillo. Si de entrada lo vemos complicado... a otra cosa.

4 de junio de 2020

Otras cosas que contar


Nos habla Paloma, en su segundo boletín de Paideia en familia, sobre el homeschooling minimalista.
Tengo pendiente escribir sobre el boletín cuando termine de leerlo, pero justamente la lectura de ayer me hizo pensar en ese minimalismo en el cual nosotros estamos entrando desde hace unos pocos meses.
A medida que B se hace mayor sentimos la necesidad de simplificar en cuanto a nuevos materiales o maneras muy vistosas de hacer las cosas y acercarnos al aprendizaje diario. Ya no invento tanto como antes ni imprimo tanto, reutilizo materiales antiguos adaptándolos y en este tiempo recurro más de una vez a recursos más tradicionales y quizá menos creativos.

Una buena parte de las entradas de este blog están dedicadas a compartir nuestras actividades o enlaces a ideas que me parecen interesantes. Esto no quiere decir que en nuestro día a día todo son experimentos, juegos, imprimibles y actividades llenas de color, movimiento y dinamismo.
También hay escritura, cuadernos, libros y ejercicios... Mi hijo no da saltos de alegría con todo lo que le propongo, a veces hay tareas que le parecen aburridas y hay cosas que le gustan más que otras.

Nunca he pretendido mostrar una realidad falsa en el blog ni hacer creer que nos pasamos el día haciendo actividades "molonas".
Simplemente comparto aquello que creo que puede ser útil o inspirador. Si yo cuento que mi hijo resolvió ayer tres problemas de matemáticas y escribió una redacción de varias líneas, no sé si esto le puede inspirar a alguien para algo porque son cosas que ya hacemos todas sin que nadie nos las tenga que contar y seguramente no escribiré sobre ello... o no lo haría en otras circunstancias.

Pero precisamente ahora que el aprendizaje se está simplificando en métodos y en materiales puede ser una buena ocasión para hablar de todas esas cosas tan sencillas que ocurren cada día, una manera de acompañarnos en lo más cotidiano para recordarnos que no nos pasamos el día haciendo cosas demasiado extraordinarias o creativas, que a veces nos aburrimos, que a veces no tenemos ganas, que a veces nos frustramos... pero también que una buena parte del aprendizaje se produce con tareas muy tradicionales y simples. Que a veces aprendemos jugando en el suelo y otras veces aprendemos con un libro sobre una mesa, que a veces usamos las regletas para comprender matemáticas y otras veces calculamos multiplicaciones en una hoja de papel.

Por aquí no somos modelos para una foto perfecta, la mesa está llena muchas veces de cosas revueltas y desordenadas. Y más de una vez aparecen borrones en las hojas de escritura, líneas torcidas y títulos mal dibujados.
Si nunca escribo sobre ello no es porque quiera esconderlo, es porque creo que ya se da por supuesto y además hasta ahora no veía que aportara mucho. Pero ya que entramos en un homeschooling más sencillo, puede que comience a contar por aquí un poco de nuestra cotidianidad y simpleza.
Cada vez hay menos ideas creativas que compartir, pero sí me quedan todavía muchas reflexiones, confidencias y desahogos.




20 de abril de 2020

Menos es más


Escribía en esta entrada sobre la necesidad de simplificar el aprendizaje de mi hijo para centrarnos en esas pocas cosas que creemos imprescindibles y dejar de lado otras que nos ocupan tiempo y no le aportan mucho.

Hay varias cuestiones que los adultos (padre y madre) consideramos básicas:
- Aprendizaje de la religión
- Matemáticas
- Lenguas
Y hay otras que B ha propuesto:
- Sus proyectos 
- Tecnología
Añadimos ofimática porque pensamos que en el mundo en el que vivimos nuestro hijo tiene que saber manejarse en procesadores de texto, presentaciones digitales, etc.
A esto le dedica un rato a la semana, practicando ejercicios de un curso online.

Nuestra religión, el Islam, es mucho más que sólo una religión en el sentido espiritual. Es una forma de vida que abarca todas nuestras facetas, una forma de comportarnos, unos principios que dirigen a la persona, a la familia y a la sociedad.
No es una asignatura que empieza y acaba a una hora, sino que nos acompaña siempre.
Aún así, y precisamente por lo esencial que es para nosotros, tiene su tiempo de aprendizaje, reflexión e interiorización.
Y por ser lo más importante, es lo primero a lo que dedicamos el día.
Tengo pendiente escribir algunas cosas sobre cómo B realiza este aprendizaje y también la novedad de que a partir de ahora incluímos aquí lo que sería la asignatura de lengua española.
Queda pendiente.

Matemáticas... hasta ahora hemos estado siguiendo el programa escolar que a B le correspondería por edad. Pero ya no.
Vamos a dirigir este aprendizaje a la resolución de problemas, es decir, la parte útil para la vida diaria.
Problemas inventados o situaciones reales que surgen cada día.

Lenguas: En inglés no hay cambios, seguimos como siempre.
En árabe tenemos actividad de copia y lectura y el uso del idioma de forma natural en la vida diaria.
Francés hace tiempo que quedó aparcado en el sentido de estudio formal, pero B lee a veces o ve la tele en este idioma.
Y el español, que en este momento es su idioma dominante, sale de las fichas y del programa escolar... Contaré cómo lo hacemos.

Los proyectos de B, los temas sobre los que él ha pedido aprender libremente, están resultando de lo más interesante y a través de ellos está tocando materias muy variadas.
Por eso no es necesario incluir tantas cosas en horarios rígidos ni parcelar mucho por asignaturas.
Todo está relacionado de una manera mucho más natural y son cosas que se aprenden siguiendo los propios intereses o simplemente de la vida.

Y tecnología son los ratos que dedicamos a los experimentos, que a B le entusiasman.
Nos dedicamos ahora a aparatos, máquinas, dispositivos, inventos... Un rato de lectura y después experimentar sobre lo leído.

Quedan fuera bastantes de las cosas con las que empezamos hace meses y que a B ya no le han interesado más.
De esta manera estamos más centrados, desaparece la sensación de perder el tiempo y B tiene más horas libres para sus cosas.


19 de abril de 2020

Un consejo


Hoy os traigo un consejo a partir de mi propia experiencia.

Cuando llega el verano (a veces antes) suelo buscar material imprimible de las asignaturas de lengua y matemáticas, del nivel que corresponda, porque hasta ahora hemos seguido el programa escolar para esas dos materias en concreto (digo "hasta ahora" y ya contaré más en próximas entradas, Insha Allah).
Después de seleccionar entre todo lo encontrado, lo descargaba en el ordenador, un día lo imprimía todo y ya tenía el trabajo preparado para muchos meses por delante.

Mi consejo es este: no lo hagáis así.
Se puede descargar todo en el ordenador y después ir imprimiendo poco a poco. Por temas, por semanas, por quincenas...

¿Qué ocurre si después de imprimir un libro o un paquete de fichas completo encuentras algo que te gusta más?
Puede que encuentres material mejor, que necesites subir o bajar el nivel de las actividades, que decidas enfocarlo de otra manera, que te convenga mejor otro método, que a tu hijo no le guste el material que elegiste... o que simplemente ya no queráis trabajar con fichas porque es mejor hacer otras cosas.

B ya ha terminado la mayor parte de las páginas imprimidas y lo que nos sobra no es demasiado, así es que el desperdicio no ha sido muy grande. Pero sin duda es un gasto de papel y tinta que se podría haber evitado.


17 de abril de 2020

Encontrar el propio estilo


Es común en muchas familias que educamos en casa comenzar el "curso" con una planificación que luego se va modificando más de una vez según pasan los meses.
No es un fracaso en el trabajo de organización, sino una ventaja: la oportunidad de adaptar los objetivos y tareas a la realidad concreta que nos vamos encontrando, a veces lejos de la situación ideal que nos habíamos imaginado al principio.

Ahora que mi hijo va siendo más mayor, siento la necesidad de simplificar en su proceso de aprendizaje precisamente para hacerlo más sólido y profundo y no perdernos en cuestiones que nos sobran.
Esta necesidad viene de mis propias apreciaciones y de las cosas que él me pide.
Es por eso que nos encontramos ahora en uno de esos cambios que mencionaba antes.

A veces tengo bastante claro qué me gustaría proponerle, de qué manera enfocar las actividades diarias. Pero a la hora de llevarlo a la práctica siento que "la manera" tengo que inventarla yo porque no existe nada que nos valga al cien por cien.
Nuestra realidad es única.

Me pasa mucho con los libros, con las lecturas.
Me apasiona el concepto de libros vivos, la idea de aprender a través de las buenas lecturas, las recomendaciones y listas de libros clásicos que aportan buenos valores y una correcta manera de expresarse, que aportan belleza literaria y enriquecimiento del vocabulario.
Pero a la hora de recurrir a ellos, me encuentro con que la mayoría no valen para nosotros porque parten de unos supuestos culturales, ideológicos y religiosos que nos resultan ajenos y casi siempre contrarios.

Buscar el propio camino no siempre es fácil cuando partes de una realidad o de una identidad minoritaria en el mundo en el que te mueves.
Pero no es imposible.
Se trata de adaptar lo que te gusta hasta hacerlo válido para ti, para tu familia, para tu hijo, para tu forma de educar en casa.

En eso estoy ahora.
Reconociendo que a medida que mi hijo crece estamos "obligados" a buscar un aprendizaje más auténtico y nuestra manera única de hacer las cosas.

Casi siempre hemos ido a contracorriente en muchas cosas. Somos expertos en ser diferentes, pero siempre fieles a nuestros principios.


1 de marzo de 2020

Cuestiones matemáticas que van saliendo solas


Estos días B me está sorprendiendo con razonamientos matemáticos que yo había pensado dejar para más adelante por su complejidad (pensaba que él todavía no estaba preparado) y a los que él ha llegado por sí mismo.
Son las cosas que me animan y me demuestran la capacidad de los niños para aprender sin que se les enseñe o dirija, simplemente estando ahí para acompañar si lo piden y para crear oportunidades si hace falta.

El tema de divisores y múltiplos comunes para varios números lo venimos trabajando desde hace más de un año con las regletas y varios juegos manipultaivos. Mi idea era proponerle a B dentro de un tiempo dejar las regletas y comenzar con cálculo mental o por escrito, cuando yo le viera más preprarado para ello. Pero hace poco, cuando tenía que resolver ejercicios con mínimo común múltiplo, me dijo que ya no necesitaba las regletas y mentalmente se puso a buscar estos múltiplos comunes sin que nadie le hubiese explicado cómo hacerlo de la manera tradicional (con cálculo puro y duro, sin regletas), él solo hizo sus deducciones y averiguó la forma de hacerlo. Y lo hizo bien.

Cada vez estoy más contenta con la compra de las regletas y sus usos.
Veo que realmente mi hijo aprende y avanza, muchas veces sin ayuda externa. Que de verdad le ayudan a comprender.

Me pasaba una cosa con las diviones entre dos cifras...
No encontraba el momento ni la manera de introducirlas.
Ya sabéis que en matemáticas seguimos el programa escolar y creo que desde hace un par de años ya están apareciendo en nuestro contenido estas divisiones entre números de dos cifras. Pero yo siempre las dejaba a un lado y pasaba a otra cosa o le dejaba la calculadora para que las resolviera.
Buscaba, sin éxito, una forma comprensiva de abordar este tipo de divisiones, lejos de los típicos pasos escritos que se aprenden de forma automática sin entender realmente lo que se está haciendo. Buscaba, pero no encontraba.
Y cuando leí un artículo en el que se decía que España es el único país de Europa en el que se sigue obligando a los niños a dividir entre dos cifras sin calculadora, pasé del tema definitivamente pensando que si alguna vez hacía falta para aprobar algún examen pues ya lo retomaríamos.

El otro día B resolvía una página de matemáticas mientras yo hacía otras cosas. No me había dado cuenta de que algunos de los ejercicios incluían las dichosas divisiones entre dos y tres cifras.
Y cuando me acerqué a mirar... ¡B las estaba resolviendo como si nada! Sin preguntar y sin extrañarse o bloquearse, simplemente usando el sentido común y lo que ya sabía sobre las divisiones sencillas.
¡Y yo con tantos miedos e inseguridades!

La lección aprendida es hacer el trabajo personal de mantenerse al margen, confiar y esperar.
Las cosas van llegando, muchas veces solas, sin nuestra ayuda y sin nuestras interferencias.
Supongo que nos cuesta no intervenir y son muchas las creencias que todavía tenemos que sacudirnos de encima, como creer que sólo aprenden si les enseñamos.
Son tantas las cosas que mi hijo ha aprendido sin mí que a veces pienso si mi principal función no será la de acompañarle esperando si él me pide ayuda para algo o me da a entender que puede solo y entonces yo deba únicamente quedarme a un lado y simplemente mirar.

18 de febrero de 2020

Proyecto "la Rusia soviética, la guerra fría y el muro de Berlín"


Pues sí... Este es el tema que B ha elegido para su nuevo proyecto: la Rusia soviética, la guerra fría y el muro de Berlín"... Nada más y nada menos...

Todo comenzó cuando conoció el famoso videojuego Tetris.
Estuvo una temporada enganchado a él y no sólo jugaba, también investigó (lo suele hacer con todo lo que le gusta).
Y descubrió que el juego fue creado por Alexei Pajitnov durante la época de la Unión Soviética, entonces empezó a preguntar qué era eso de la Rusia soviética. 
En algún sitio leyó que mucha gente creía que este juego simbolizaba la caída del muro de Berlín (aunque realmente este acontecimiento histórico ocurrió años después). Y leyendo por aquí y por allá, debió encontrarse también con alguna mención a la guerra fría.
Entonces, para él, todo esto quedó relacionado y ahora lo ha elegido como proyecto (además de ocupar tiempo, de vez en cuando, a dibujar mapas de Rusia y símbolos soviéticos de lo más variado y tararear la conocida musiquita del juego en cuestión).

Que por cierto, yo nunca me di cuenta hasta ahora de que esa música tiene un aire a la música tradicional rusa. Tantas horas pasé yo jugando al tetris hace años y nunca supe nada de lo que mi hijo ha averiguado él solito en este tiempo.
Pero ahora quiere saber más sobre el tema.

Al afrontar un episodio de la historia contemporánea es casi imposible permanecer imaparcial y objetiva. No es lo mismo que estudiar el antiguo Egipto, por ejemplo. Hay opiniones personales sobre ello, quiero decir mías, que no quisiera que influyeran en el aprendizaje de mi hijo pero que es muy difícil evitar.

Al mismo tiempo, al ser un tema tan amplio, tengo que estar muy pendiente de que no quede saturado de demasiada información. Después de todo, creo que él sólo pide una idea general y enterarse de a qué se refieren cuando mencionan estas cuestiones, sin profundizar mucho más.
Iremos viendo...

Tampoco creo que todo esto vaya a quedar recogido por escrito. Aunque, igualmente, veremos lo que va surgiendo a lo largo de los días.
Si me gustaría (como hago siempre que puedo) trabajar con algún mapa mudo.

Para comenzar, hoy hemos estado leyendo la historia de Rusia y de la URSS contada en 5 minutos.
No se trata de retener datos, sólo de situarnos en el contexto de lo que vamos a aprender y tener una especie de introducción para luego centrarnos en las épocas del nacimiento de la Unión Soviética y la posterior guerra fría.

Y hemos continuado con un par de vídeos sobre la revolución rusa:
Como suele ocurrir con las grandes ideas, muchas personas las llevan a la práctica de una forma equivocada y aquí entramos en cuestiones personales sobre lo que opinamos a favor o en contra. Es lo que comentaba más arriba sobre lo imposible de permanecer imparcial y evitar dar nuestra opinión.
Creo que estos dos vídeos enfocan este hecho histórico desde una perspectiva diferente y permiten ver lo bueno y lo malo según quién lo cuenta, así cada persona se formará su opinión personal. Aunque creo que a mi hijo ahora mismo le importa muy poco entrar en reflexiones morales y prefiere enfocarlo al contexto del juego, que fue donde surgió su interés.




11 de febrero de 2020

Acumular demasiado material

Creo que a todas nos invade a veces el impulso de adquirir material educativo, más y más material.
Libros, imprimibles, artículos de papelería, cartas, juegos...
Y no es que esté mal ir comprando cosas nuevas para ampliar la variedad de actividades, pero es importante seguir un cierto criterio y pensar qué cosas realmente necesitamos.

Hablo por mi propia experiencia. Veo material que me gusta, físico o digital, otras veces son recomendaciones de otras familias... y los recursos se van acumulando en la estantería o en los archivos del ordenador "por si acaso", "para cuando lo necesite", "porque estaría bien hacerlo alguna vez", "porque seguramente lo necesitemos más adelante", "porque está muy bien de precio", "porque a lo mejor luego ya no lo encuentro"... ¿A alguien le suena?

Yo me he propuesto ser más realista y controlar las compras.  No quiero decir dejar de comprar, pero sí pensar si de verdad lo necesitamos.

Lo primero es hacer una buena revisión de lo que tenemos en casa.

Hay material de años anteriores que se puede reaprovechar, incluso aunque sea para niños más pequeños, posiblemente se podrá adaptar a otro nivel o usarlo de otra forma.

Cuando vemos actividades interesantes con un material concreto pensemos si tenemos en casa alguna otra cosa que también se podría utilizar de esa manera o parecido.

Yo he estado mirando estos días los índices de algunos libros que compré para consultar o como apoyo a temas que a lo mejor surgen algún día.
Este tipo de libros, o incluso sólo sus índices, los podemos tomar como currículum para seguir un orden de temas en el estudio de la Tierra, los inventos, los animales... o el tema que sea. Nosotros ya lo hicimos durante dos años con el libro Découvre notre monde, incluso hay algunas cuestiones de ese libro que en su día no vimos y tenemos pendientes.
Es una buena alternativa a los libros de texto tradicionales y se puede completar con vídeos o con otras lecturas relacionadas.

Muchas veces lo más sencillo es lo que mejores resultados da. No nos compliquemos la vida, no hace falta acumular demasiadas cosas.


30 de enero de 2020

Socialización vs. Alumno


Después de leer una de las últimas entradas de Marvan sobre la socialización, recordé que tenía pendiente escribir una reflexión sobre otro texto de hace más tiempo dedicado al mismo tema.
No recuerdo dónde lo leí, pero era un artículo sobre homeschooling.
En los comentarios, una maestra que había trabajado en EE.UU. decía que había notado muchas dificultades de socialización en los chicos que se incorporaban a los últimos cursos del instituto después de haber pasado muchos años aprendiendo en casa y que estos alumnos presentaban problemas de adaptación.
Una madre homeschooler respondía con otro comentario que me pareció muy interesante: era importante distinguir entre socialización y asumir el rol de alumno. Y daba por hecho que, seguramente, sí que esos chicos tenían dificultades para adaptarse a su papel de alumos sin que ello implicase necesariamente problemas de socialización.

Ser alumno de un centro escolar implica conocer normas sociales concretas para esa situación, muchas de ellas no formales y no escritas en ningún sitio, pero que existen y se interiorizan como naturales después de pasar cierto tiempo dentro de ese papel.
Lo mismo ocurre en muchas otras circunstancias de la vida.
Determinados lugares y situaciones requieren desenvolverse de formas muy concretas para salir airososos de todas las situaciones, adaptarse al día a día o incluso "sobrevivir" a la experiencia.
Llegar nuevo a una de esas sitaciones y encontrase "descolocado" es bastante normal y no quiere decir que la persona tenga problemas de socialización. Simplemente se está enfrentando a una circunstancia nueva rodeado de iguales que ya son expertos en ella.

Los límites, los horarios rígidos, la falta de tiempo a veces, los exámenes, la competitividad, no poder hablar siempre que se necesita, no poder levantarse siempre que uno quiere, la forma de relacionarse con compañeros y profesores... Todo esto es novedoso para quien llega por primera vez y puede que le cueste adaptarse sin que ello tenga que entenderse como que esa persona creció aislado y por eso no se relaciona bien con los demás.

Lo normal es que los niños homeschoolers se relacionen con personas de todo tipo de una manera no forzada, en el mundo real, personas de edades muy variadas y en situaciones muy dispares. Y puede que a esos mismos niños les cueste adptarse, en un futuro hipotético, a una posible incorporación al sistema escolar donde se dan situaciones artificiales (ambientes creados, no naturales) que no conocen.
Pero puede que para otros no sea así.

Estoy convencida de que las relaciones sociales dependen de la forma de ser de cada persona y no de si fueron o dejaron de ir al colegio.
Los niños solitarios serán solitarios aprendiendo en casa o aprendiendo en el colegio.
Los niños con dificultad en las relaciones sociales, tendrán dificultades aprendiendo en casa o aprendiendo en el colegio.
Los niños muy sociables, lo serán tanto si están en casa como si están en el colegio.

 

23 de octubre de 2019

¿Qué hacer si quiere dejar un proyecto a medias?


La verdad es que no me resulta fácil de aceptar cuando B decide que ya no quiere continuar con un trabajo porque ha dejado de interesarle y quiere darlo por finalizado aunque esté sin acabar.

El proyecto de la pizzería, con sus buenas ideas, ya se ha acabado.
B me dijo ayer que no quería seguir más, que las cosas que necesitaba hacer o saber ya las ha hecho y que el resto del plan ya no le interesa.

Yo le doy mucha importancia al compromiso con uno mismo y a ser responsable con lo que se ha decidido. Pero también es cierto que todo el mundo es libre de cambiar de opinión y que el aprendizaje por la fuerza no tiene ningún sentido.
¿Cómo encontrar un punto medio aceptable entre todo esto?
He llegado a la conclusión de que es un trabajo personal mío, ya que si yo le di la libertad de elegir en sus proyectos, en los temas, en las actividades a desarrollar, en el tiempo dedicado... entonces tengo que aceptar esa libertad también de poder expresar que un tema en concreto ya no le interesa más y no quiere dedicarle más tiempo.

Así es que eso he hecho: aceptarlo.

Más que pensar en lo que dijo que iba a hacer y no hizo, me quedo con todas las cosas que sí hizo en este proyecto: aprendió a trabajar de manera básica con una hoja de cálculo, practicó el trabajo con un programa de texto, utilizó mucho el inglés a la hora de diseñar sus actividades, hizo cálculos y presupuestos, buscó información comercial de la vida real para aplicarla a su proyecto, diseñó un logo e inventó un eslogan, hizo un folleto publicitario, grabó un vídeo tipo anuncio de la tele y lo editó añadiendo efectos, diseñó un formulario de solicitud de empleo... En general, ha sido un trabajo muy completo incluso aunque muchas cosas de la lluvia de ideas se hayan quedado sólo sobre el papel.

Ya ha elegido su nuevo proyecto, espero compartirlo pronto.


20 de octubre de 2019

¿Cómo saber si está preparado o no?


Ya he comentado muchas veces que nosotros seguimos el programa escolar para lengua y matemáticas, el programa del curso que a B le correspondería por edad.
Esto no quiere decir que siempre lo sigamos al pie de la letra, ya que una de las ventajas y beneficios del homeschooling es poder adaptar los contenidos a cada niño, a sus capacidades, su forma de aprender, sus intereses, su madurez, etc.
Estos programas nos sirven como guías, pero no somos esclavos de ellos.

Puede ocurrir que algún tema lo pasemos con rapidez porque es algo que B ya sabe o que aprende muy fácilmente y tampoco tiene mucho sentido dedicarle más tiempo.
Pero también puede pasar lo contrario.
El tiempo que dedicamos a cada tema o concepto del programa es relativo y no siempre es igual para cada cosa. El ritmo lo marca mi hijo. 
 
Si es necesario dedicar mucho tiempo a un tema y eso hace que se nos descuadren los meses y lleguemos al verano sin haber cumplido todo el programa, no pasa nada. Por eso decía que no somos esclavos de ese programa porque lo importante es lo que se aprendió y quedó interiorizado de verdad. Para el resto ya habrá tiempo. Además casi los mismos contenidos se van repitiendo en todos los cursos, así es que tampoco hay mucho problema.
 
¿Pero cómo decidir cuánto tiempo le dedicamos a los conceptos que cuestan más?
¿Cómo saber si algo necesita más tiempo o es que el niño aun no está preparado para ello?
 
Lo que yo hago es observar a mi hijo y observar lo que ocurre cada día.
 
Procuro presentar las actividades de una manera atractiva, introduciendo juegos, manipulativos, etc.
Si veo que le cuesta entender algo, dedicamos tantos días como haga falta. Si van pasando los días y no veo avance, me planteo cambiar el enfoque o los materiales.
Y si a pesar de todo seguimos sin avanzar, entonces decido que no es su momento y lo dejamos.
 
No tengo ningún problema en "aparcar" temas que veo que no consigue entender porque he comprobado a lo largo de los años que cuando llega el momento adecuado las cosas se aprenden con mucha facilidad, sin agobios, sin nervios, sin disgustos y sin enfados.
Me niego al aprendizaje acompañado de malos sentimientos. Y como alguna vez nos ha ocurrido así (no soy perfecta), esto me sirve después para reflexionar y rectificar.
 
Esto no quiere decir que hay que rendirse a la mínima dificultad. Como escribía antes, si algo no funciona procuro hacer cambios.
Pero si a pesar de los cambios no hay avance, entonces lo dejamos y esperamos a que llegue una mejor ocasión.
 
Tampoco esto quiere decir que un tema hay que abandonarlo por completo.
Puede que simplemente haya que bajar el nivel y quedarnos en la etapa de introducción del concepto que sea, sin profundizar más de lo que se puede, pero aprovechando para sentar las bases y avanzar en lo que cada niño (en este caso mi hijo) esté preparado.






3 de octubre de 2019

Cómo usar los números móviles con niños mayores

Los números móviles (o manipulativos) son los que podemos tocar, mover... : números de imán, de plástico, de madera, fichas de un bingo, cartas numeradas, tarjetas, pegatinas, dados, etc.

Esta clase de números se usan mucho en actividades con niños pequeños, pero parece que para niños más mayores ya no tiene sentido porque se considera algo demasiado infantil. Yo no estoy de acuerdo.
B tiene casi 11 años y seguimos usando números móviles en actividades matemáticas a nivel tercer ciclo de primaria. 


Un ejemplo es la foto anterior. No se ve muy bien porque fue un material improvisado al momento sobre unos recortes de goma eva que había sobrado de otra cosa.
B tenía que resolver sobre papel unas actividades de aproximación a cifras grandes, se trataba de encontrar la cifra más cercana menor (a la del papel blanco) a partir de unos números concretos (los de los recortes rojos).
Si esto se hace directamente en la ficha de ejercicios, seguramente habrá que borrar o tachar varias veces por las equivocaciones y el resultado final será una hoja emborronada y la sensación de fracaso, frustración o fastidio.
Pero si se hace con números móviles, es fácil probar y cambiar tantas veces como haga falta hasta conseguir el resultado. Y luego ya se puede escribir la respuesta correcta directamente en la hoja.

Además de los juegos matemáticos, los números móviles van muy bien para ejercicios en los que hay que combinar u ordenar cantidades porque permiten hacer todas las pruebas necesarias, todas las combinaciones posibles, y favorecen llegar al resultado que se pide. Y son ideales para los niños que aprenden tocando y haciendo.


21 de septiembre de 2019

La historia ignorada

Córdoba renace con más luz y con más vida. 
Durante siglos, esta luz iluminará al mundo entero.
Ha cogido el relevo de ser el centro de la historia de la Humanidad.
¡Vamos! No os demoréis.
Los musulmanes están al otro lado del puente Romano, 
dispuestos a empezar esta étapa histórica.
Al-Ándalus será pronto la joya de Occidente; y Córdoba, su perla.

(Historia de Córdoba para niños, José Manuel Ballesteros Pastor)

Comentaba en entradas anteriores que B y yo vamos a tener lecturas temáticas conjuntas.
Para empezar, vamos a aprender sobre Al-Ándalus. Esa parte de nuestra historia olvidada, tantas veces manipulada, reducida a unas pocas líneas en el temario de los libros de texto.
Dice uno de los libros que vamos a leer:
Nadie se para a pensar que, tras unos ochocientos años de arraigo en la Península, los habitantes de Al-Ándalus eran españoles de pleno derecho, aunque de credo musulmán, así como también lo eran, por las mismas razones, otros españoles que profesaban la religión judía. A todos ellos se les denomina andalusíes.

Es una parte de nuestra historia que debería ser motivo de orgullo porque en ella se desarrolaron la ciencia y el arte de una manera tan intensa que se extendió por Europa e influyó en la aparición posterior del Renacimiento.
En vez de esto, la podemos llamar la historia ignorada.
Pero, con la libertad que nos da el aprendizaje en casa, B y yo vamos a conocerla y profundizar en ella.
Al mismo tiempo que estudiamos el arte y la ciencia, conoceremos a grandes personajes que nacieron y vivieron entre nosotros, y que con sus conocimientos y aportaciones enriquecieron a toda la humanidad. Ellos quedaron relegados al olvido, pero nosotros les recordaremos.

En el año 1609, el rey Felipe III ordenó la expulsión definitiva de los musulmanes españoles (culminando así la persecución a la que llevaban tantos años sometidos). Entre ellos tuvieron que marcharse sabios, médicos, astrónomos, matemáticos y científicos. Qué gran pérdida...

Vamos a leer dos libros sobre Al-Ándalus y a partir de ellos seguramente surgirán actividades relacionadas o la necesidad de profundizar con otros textos, ya que se tratan varios apartados diferentes y al final queda un conocimiento bastante completo (historia, arte, vida cotidiana, ciencia, cultura, costumbres...).
Supongo que estaremos varios meses con esto.

Uno de los libros es Así vivieron en al-Ándalus, de Jesús Greus y editado por Anaya.
En su contraportada se puede leer:
El vasto período histórico de al-Ándalus, hasta hace poco relegado al olvido en nuestro país, constituye, sin duda, una de las etapas más ricas y singulares de la historia de España. La cultura andalusí aportó grandes adelantos a la astronomía, la medicina, la filosofía, la agricultura o la jardinería, unos conocimientos que, paulatinamente, enriquecieron también a Europa.
Esta obra nos habla de todo ello y lo hace desde lo cotidiano, acercándonos a las ciudades, las casas, y las escuelas de al-Ándalus para conocer cómo era la vida familiar, cómo se divertían, qué obligaciones tenían con el ejército, la administración pública o la justicia.

El otro libro es Atlas ilustrado de la España musulmana, de Maribel Fierro y editado por Susaeta.
En su contraportada leemos:
Cuando el profeta Muhammad (Muhammad, no Mahoma, esta aclaración es mía) murió en el año 632 nadie hubiese imaginado que, en menos de un siglo, los musulmanes se iban a extender desde la península ibérica hasta la India. Su presencia en un espacio tan amplio dio origen a pueblos y estilos de vida muy diferentes, pero fue en territorio hispánico donde su cultura mostró unas peculiaridades propias que la diferenciaron del resto del mundo musulmán.
Al-Ándalus, tierra de musulmanes en la península ibérica, pervivió durante la Edad Media desde el año 711 hasta el 1492. En ocho siglos de desarrollo social, cultural y político, convivieron con los antiguos pobladores que, ya fueran de religión católica o judía, terminaron adoptando sus costumbres, dando forma de este modo a un entramado social rico y variado en el que se absorbió el conocimiento de las diferentes culturas, uno de los motivos por los que al-Ándalus llegó a alcanzar su admirable esplendor.



14 de julio de 2019

Grupos de familias


En una entrada anterior os comenté que seguramente volvería a referirme al Boletín Paideia en Familia varias veces más porque me había inspirado en algunas cuestiones para escribir sobre mi experiencia o impresiones.

Una de esas cuestiones es la necesidad de formar parte de algún grupo de familias homeschoolers.

En una de las secciones del boletín, Paloma contesta a la pregunta de otra madre acerca de la conveniencia de encontrar otras familias que educan en casa para participar en encuentros y actividades compartidas.
No voy a contestar aquí a esa pregunta porque ya lo hace Paloma muy bien en su libro (os remito a él para leerlo), pero sí quiero contar mi propia vivencia sobre ello.

Lo primero, deciros que no pertenezco a ninguno de esos grupos, que nunca he participado en ninguno y que nunca he tenido alguno cerca (ni siquiera familias homeschoolers, que yo sepa).

Sí que ha habido momentos en los que he sentido la necesidad de integrarme en algún grupo ya organizado, por dos motivos.

Sólo tengo un hijo que no tiene cerca otros niños no escolarizados.
Él a veces me ha preguntado y yo he creído entender que a lo mejor necesitaba a esos otros como referencia para no sentirse raro.
Actualmente B ya sabe de otros niños como él por los blogs que seguimos, vídeos de youtube, redes sociales... Sabe que no es el único y eso ya es suficiente.

El otro motivo es que yo a veces veía en internet encuentros de familias que habían ido a visitar tal fábrica, habían hecho tal taller, habían ido a una exposición o habían participado juntos en algún evento... y a mí me parecía que nos estábamos perdiendo mucho.
Ahora ya sé que se pueden hacer cosas en grupo (aunque no sean familias homeschoolers) sólo dedicando algo de tiempo a buscar información sobre actividades variadas.

Pero lo cierto es que sí hubo un tiempo en que yo sentía la necesidad de integrarme en uno de esos grupos de familias.
Mi marido, sin embargo, no opinaba como yo.
Para él era algo demasiado forzado. Le parecía que las relaciones entre las personas tenían que surgir de una manera mucho más natural y que seguramente no íbamos a tener casi nada en común con esas otras familias (aparte de la circunstancia de educar en casa).

Aun así, yo un día me lancé y me puse en contacto con la responsable de un grupo que no estaba cerca, pero tampoco demasiado lejos. Quizá una vez al mes sí que podríamos quedar con ellos y participar en alguna actividad interesante.
Tardó bastante en responder y cuando lo hizo fue para decirme que el primer requisito era tener una especie de entrevista o charla conmigo para ver si yo iba a encajar en el grupo y luego pues ya veríamos si éramos admitidos o no.
A mí aquello me dejó bastante fría, la verdad, me sentí como si tuviera que pasar un proceso de selección.
No es ese el tipo de relación que yo me imaginaba ni lo que yo estaba buscando.
Entendí a mi marido cuando me decía que iba a ser algo forzado y artificial. Efectivamente, así lo vi.

Supongo que sus motivos tendrán para hacer esto, pero mi forma de entender las relaciones sociales es justo la contraria. Yo primero acojo y si más tarde surge algún conflicto o problema, pues entonces ya me planteo si a lo mejor no hay conexión o intereses afines con esa persona.
Bueno, al final no entramos en el grupo y así seguimos, por libre.


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