27 de enero de 2018

No te líes con la X

Para matemáticas seguimos el programa de un par de libros de texto (de cada uno voy cogiendo lo que más nos interesa).
Hemos llegado al tema de las ecuaciones. Son ecuaciones muy sencillas, lo que sería la iniciación a la expresión algebraica.

B lleva tiempo resolviendo ecuaciones de este tipo, aunque nunca las hemos llamado así y su aspecto era bien distinto.
Lo que quiero decir es que los niños, antes de llegar a estas abstracciones, ya resuelven cálculos de ese tipo: cuando resuelven ejercicios de pirámides (en que cada número es el resultado de hacer una operación con los dos que tienen debajo y hay que rellenar las casillas en blanco), cuando resuelven ejercicios tipo árbol (parecido al anterior, de cada número salen unas flechas o "ramas" que te indican qué cálculo tienes que hacer para llegar a la siguiente casilla que está en blanco).


Para la foto anterior, utilizando el lenguaje algebraico, podemos decir X+191 igual a 381 (perdón, me falla la tecla del igual). Pero con los más pequeños no hacemos eso, simplemente les explicamos cómo se forma la pirámide y les decimos que rellenen las casillas en blanco.
Lo que quiero decir es que los niños ya resuelven ecuaciones antes de que las nombremos así.

También sería el caso de los sudokus o simplemente cuando les presentamos una igualdad en la que falta un término y tiene que averiguar cuál es.

Resumiendo, que B lleva bastante tiempo solucionando ejercicios tipo ecuaciones pero con huecos en blanco donde tiene que averiguar qué números faltan. Todo esto se le da bien.
Pero cuando hace unos días le presenté unos ejercicios donde aparecían las X me dijo muy convencido que eso era muy difícil y él no sabía hacerlo.

Que de repente aparezcan letras en medio de las operaciones aritméticas puede liar a los niños y darles la impresión de que aquello es muy complicado aunque sea algo que realmente ya saben hacer.

Lo que he hecho es buscarle actividades donde las ecuaciones aparezcan de una forma más atractiva, con colores o con situaciones que llamen la atención.
Se puede empezar con fichas de este tipo (que se parecen más a un juego y no da tanto repelús como las típicas ecuaciones llenas de X):

Fuente

Y se puede buscar la forma de hacerlo más manipulativo.
B estuvo resolviendo igualdades con las regletas del 1.


Saqué para él otras actividades de Actiludis, desde el enfoque del método abn, que le gustaron más que las típicas de los libros más clásicos (actividad 1, actividad 2, actividad 3). De la última sólo comprobamos si los pasos eran correctos o no.

En el blog de Marvan se puede descargar una balanza algebraica (o báscula) que también puede ser muy útil para hacerlo en plan juego.

Buscando por internet, sobretodo en inglés, se pueden encontrar propuestas de juegos de mesa. Pero como tampoco es un tema que a B le esté entusiasmando mucho, no nos vamos a entretener más con esto.


25 de enero de 2018

Quiero que estés conmigo


En los últimos días hubo un asunto que estuvo dando vueltas dentro de mi cabeza: ¿uno de mis objetivos es que mi hijo sea capaz de hacer sus actividades solo?

Hacemos muchos tipos de actividades juntos. Y digo juntos porque realmente es un proceso en equipo.
Casi siempre hablo en plural cuando digo hacemos, vemos, estudiamos, miramos, leemos, aprendemos...
Este acto de pluralizar es por dos motivos. Realmente yo estoy aprendiendo junto a mi hijo.
Desde que empezamos con esta aventura del aprendizaje en familia yo he tenido que poner sobre la mesa cosas que ya sabía, pero reinventándolas en la forma de presentarlas a mi hijo para hacer el aprendizaje más atractivo y motivador, me he puesto al día en cosas que una vez estudié y olvidé, he tenido que aprender cosas nuevas para poder acompañarle en su proceso; he leído libros y blogs, he mirado vídeos, he hecho cursos y me he vuelto una experta en buscar la información que él va necesitando. Sin duda todo esto me ha enriquecido, si no fuera por ello no habría aprendido muchas de las cosas de los últimos años.

Pero cuando hablo de "nosotros" me refiero también a algo más. A ese acompañamiento que es una parte más de la crianza y la maternidad. Porque la crianza no se acaba a los 6 años, para mí no.
Es el caminar juntos. Son los momentos compartidos y estar presente ante sus logros.

Decía que hay muchos tipos de actividades en nuestra casa y cuando a él le ha tocado completar una tarea de algo ya adquirido yo he querido aprovechar para "escapar".
No estaba presente del todo. Estaba mi cuerpo, pero mi mente pensaba en todas las cosas que tenía que hacer por la casa y a ver si me podía marchar unos minutos para hacer esto o aquello.
Cuando volvía me encontraba con que B casi no había avanzado y eso me enfadaba.
No entendía por qué tenía que quedarme pegada a él, por qué no podía avanzar en cosas que ya sabe hacer si yo no estaba al lado.
¿Y si estaba creando un niño dependiente? ¿Que pasaría si algún día yo no estaba? ¿Y si yo, sin querer, le estaba perjudicando en su autonomía?

Se lo pregunté un día, a modo de reproche, ¿es que no puedes hacer esta actividad, que ya sabes hacerla, si yo no estoy al lado?
Y su respuesta fue muy clara: Es que quiero que estés conmigo.

Esta frase tan simple me hizo comprender.
Yo estaba fallando como parte del equipo. Estaba pensando en otras cosas en un tiempo que debería ser en exclusiva para seguir aprendiendo juntos, para acompañar, para mirarle mientras él hace algo si eso es lo que necesita.

Ayer estuve leyendo un post titulado No enseñes en casa si quieres que los niños trabajen solos y le dio forma a muchas de las cosas que yo llevaba días modelando en mi cabeza.
Mi hijo me ha dado a entender que necesita que yo le mire, sentirme al lado, no quedarse solo, tenerme disponible para preguntarme, para darle seguridad, para mostrame lo que hace.
Y ni mucho menos eso le convierte en un niño dependiente, aunque llegué a planteármelo, porque hay momentos del día en que se va a su habitación, solo, diciéndome que va a trabajar. Y entonces, sin necesidad de mí, se mete de lleno en sus proyectos y es capaz de hacer cosas que me dejan asombrada.


24 de enero de 2018

El viento y el sol

Comprobando la dirección del viento

Para aprender sobre el viento basta con salir a la calle, lo mismo podemos decir del sol. Aunque también hicimos muchas cosas dentro de casa.

Continuamos con otra parte del lapbook que ya había imprimido para los temas anteriores y leímos otro de los estupendos cuentos de Meteoeduca: El viento, el gran señor invisible.
De este cuento sacamos la información para completar la rosa de los vientos (un dibujo para colorear, se pueden encontrar muchos en internet) poniendo de qué lugar procede cada viento y qué tiempo trae.


Como el viento tiene mucha relación con el sol, lo vimos a continuación.
Los audiovisuales de este apartado han sido:

Observando los cambios en la luz del sol


23 de enero de 2018

Lectómetro


Este lectómetro lo he sacado de Lapicero Mágico, si buscáis por ese blog podréis encontrar también otros modelos.
He imprimido sólo una página y véis que no hemos recortado nada. Está dentro de una funda transparente y sujeto por una chincheta. B lo ha decorado.

La idea es ir coloreando uno de los libros que van dentro del cohete por cada libro que B lea.
En nuestro caso no es una competición entre niños para ver quién lee más. Mi hijo no va a compararse con ningún otro niño. Es sólo un elemento para motivarle en sus lecturas diarias.

Cada día tiene que contarme un pequeño resumen de lo que haya leído y también al final del libro para comprobar que hay comprensión de la lectura.
Pero nada de fichas escritas con título, autor, editorial, año, tipo de narración... Prefiero que la lectura sea un placer.
Yo no relleno fichas cuando leo un libro, ¿por qué voy a presionarle a él para que lo haga?

Voy a comenzar el registro de libros leídos, pero eso lo voy a hacer yo y lo incluiré en mi archivo.


21 de enero de 2018

Reto de escritura: Inventa cuentos

Entre las actividades de escritura de B procuro que haya alguna de redacción con la que trabajar la expresión y la imaginación/creatividad.
Después de ver este vídeo se me ocurrió el reto de inventar cuentos.

B es un niño con mucha imaginación pero que necesita una ayudita cuando tiene que enfocarla en alguna tarea dirigida porque lo primero que le sale es "no se me ocurre nada".
Por eso darle varios puntos de inicio le facilita las cosas, en vez de dejarle elegir entre miles de posibilidades.

Los dados que salen en el vídeo me parecieron estupendos y adapté la idea a unas tarjetas troqueladas que teníamos en casa esperando darles algún uso.


Tenemos tres grupos de tarjetas: lugares, personajes y objetos.

Con los ojos cerrados, B elige una tarjeta de cada grupo (o varias si quiere) y tiene que inventar una historia que contenga esos elementos. Puede incluir otros personajes, lugares o cosas si quiere, aunque no estén en las tarjetas.

No hay una cantidad de texto fija a escribir, pero al menos tiene que haber un comienzo, una presentación de la situación, algo que ocurre y un final.
En un cuaderno de notas va escribiendo ideas. Como no es obligatorio escribir el cuento ese mismo día, el cuaderno queda sobre la mesa por si llega la inspiración y hay que correr a anotar algo antes de que se olvide.

El día que toca escribir el cuento, tiene que poner en orden las ideas anotadas y redactar dando un sentido a la historia.
Lo que me interesa de esta actividad es que sepa transmitir lo que quiere decir, construyendo las frases y ordenando el texto de tal forma que quien lo lea pueda seguir la historia sin problemas.


20 de enero de 2018

Calendario hijri


Hace más de un año enseñé el calendario que teníamos en casa entonces (aquí) y expliqué en qué consistía y por qué lo usábamos así.
Finalicé aquella entrada con esta frase: También es interesante que los niños sepan que no sólo hay un calendario, que otras personas cuentan su tiempo de otra manera, que son otros sucesos los que marcaron su año 1.

A día de hoy, seguimos manejando los dos calendarios, aunque dejándonos llevar hemos llegado a un punto en que el calendario gregoriano es el principal para nosotros. Por un lado es normal ya que así se rige el mundo en el que vivimos. Pero no queremos ni debemos olvidarnos del calendario hijri (también llamado islámico o musulmán) que marca nuestros acontecimientos más importantes cada año y que tiene un significado muy especial para nosotros como musulmanes.

El taco de hojas que se puede ver en la otra entrada resultó ser poco práctico en cierta manera porque nuestros meses son lunares y, según la fase de la luna, pueden tener 29 o 30 días. El calendario está fabricado con 30 días en cada mes porque realmente hasta la última noche no podemos estar seguros de si ese mes en concreto tendrá un día menos o no, no se puede saber con antelación. Esto quiere decir que habrá meses en los que sobre una hoja. Y como la misma hoja contiene también el calendario gregoriano, pues ya queda todo descuadrado.

Buscando una manera simple de tener presente las dos fechas, sobretodo pensando en mi hijo, se me ocurrió esto.

No quiero una rutina diaria de estar poniendo cada mañana qué día es hoy porque sé por experiencia que empezamos con ganas estas cosas y al tiempo quedan abandonadas. Prefiero algo que no nos cause aburrimiento ni obligaciones innecesarias.

Tenemos una aplicación en el móvil que nos avisa cada día de las horas de rezar y que nos dice la fecha del calendario hijri. Por eso no tenemos necesidad de estar colocando cada día las etiquetas del número en el corcho.
Pero sí quiero que mi hijo tenga presente en qué mes y en qué año estamos. Cambiar una tarjeta una vez al mes y la otra una vez al año no cuesta tanto.

Como cada vez voy haciendo las actividades más simples (de eso ya escribiré otro día) he pasado de imprimir las muchas ideas vistas en internet y me he decidido por una sencilla hoja de goma eva que he recortado en rectángulos en los que yo misma he escrito los nombres de los meses con rotulador.
El mes y el año están sujetos en una parte del tablón de corcho y los iremos cambiando cuando llegue el momento.

Falta un punto en una letra, ya está corregido.



19 de enero de 2018

The Story of Dr. Dolittle


Retomamos hace semanas las series de vídeos de Little Fox, pero B quiso volver a ver The Wind in the Willows, que ya habíamos visto hace un año y nos había gustado mucho.
Una vez terminada nos situamos otra vez en el nivel 4 (estas series van clasificadas por niveles de dificultad en el idioma) y nos pusimos con The Story of Dr. Dolittle.

Bueno, a mí como historia me ha dejado un poco indiferente. No está mal (porque si no la habríamos dejado, ya lo hemos hecho otras veces), pero no creo que B pida volver a verla dentro de un tiempo como otras que sí apetece repetir con ellas.
A su favor tengo que mencionar el amor del protagonista hacia los animales, un valor que está presente durante toda la historia y que es importante transmitir a niños y mayores.
Y como el punto más importante es escuchar en inglés y tratar de entender lo que se dice, por esa parte podemos decir ¡objetivo cumplido!

 


PDF