NUESTRA EXPERIENCIA EDUCANDO Y APRENDIENDO EN FAMILIA

16 de mayo de 2017

El juguete de moda


El hand spinner (o fidget spinner) es el juguete de moda aquí en Bélgica. Parece que en España también lo tienen muchos niños, ya me lo confirmaréis.
Lo sujetas por el centro y lo haces girar con la mano, alcanzando una gran velocidad. Después los niños comienzan a hacer sus trucos de equilibrio con él (o con varios al mismo tiempo).


B ya tiene el suyo.

Buscando truquitos en internet con el hand spinner, encontré información curiosa.
Parece ser que en los colegios de algún país han empezado a prohibirlos porque los niños no paran de darle al cacharrito en medio de las clases y algunos maestros los confiscan y los devuelven a final del curso. Sólo lo permiten si va acompañado de un justificante médico.
Y esto del justificante médico tiene sus razones.

Este juguete que se ha puesto de moda ahora no es nuevo, fue inventado hace unos veinte años para ayudar a niños con autismo y con TDAH y era recetado por los especialistas con ese propósito, ya que se supone que la destreza que se necesita para hacerlos girar y sus efectos visuales relajan a estos niños y les ayudan a concentrarse.

¿Qué os parece? ¿Os gusta?




11 de mayo de 2017

Los seis principios de Faraday


A la hora de trabajar, Faraday aplicaba siempre seis reglas:
1. Llevar siempre consigo un cuaderno para tomar notas en cualquier momento.
2. Mantener abundante correspondencia.
3. Tener colaboradores para intercambiar ideas.
4. Evitar controversias.
5. Verificar todo lo que se dice.
6. No generalizar precipitadamente.

(Fuente: Descubriendo las telecomunicaciones con Mobi y Fono, una aplicación de la Fundación Telefónica)



5 de mayo de 2017

Más tarjetas (descomposición de números y números romanos)


Las tarjetas siempre han sido un recurso que nos ha ido muy bien para trabajar diferentes temas. Se pueden usar como material manipulativo (estupendas para los niños que aprenden "tocando y haciendo"), son fáciles de hacer (e incluso hay muchas en internet listas para imprimir), son una buena alternativa a escribir (hay niños a los que no les gusta nada escribir) y además se pueden usar de muchas formas y combinarlas con otros materiales, lo que da lugar a actividades muy variadas que evitan la monotonía.

Hace algunos años comencé a hacer para B las tarjetas de números. Las primeras que hice fueron las unidades y decenas. Podéis ver aquí cómo las usábamos entonces (ya no tenemos tapones, qué recuerdos... quienes nos seguís desde el blog anterior sabéis que hacíamos muchas actividades con tapones) y en esta otra entrada todavía seguíamos con ellas.
Pasó el tiempo y preparé también las tarjetas de las centenas. Y aquí paré, pensé que B tenía ya dominado el tema de la composición y descomposición de números, pero el otro día pude ver que le costaba con cantidades mucho más altas. Así es que me puse con ello y añadí las unidades de millar y decenas de millar.

No son muy complicadas de hacer, sólo hay que tener en cuenta que los espacios coincidan cuando ponemos unas sobre otras para formar un número.
Las imprimo en blanco y luego las coloreo a mano (así ahorro un poco de tinta).
Cada grupo tiene nueve tarjetas (10, 20, 30, 40, 50, 60, 70, 80 y 90, etc.) y tienen colores diferentes. Elegir un color u otro da lo mismo, pero si tenéis otros materiales para trabajar la numeración sí que es importante respetar el mismo código de colores para que los niños no se confundan.

Se pueden usar para muchas cosas, aunque mi objetivo principal es usarlas para la composición y descomposición de números. En ejercicios de este tipo:


Saber componer y descomponer números ayuda a la hora de hacer y entender ciertas operaciones y también facilita el cálculo mental.
Entonces, con el ejemplo del libro, formaríamos el número con las tarjetas correspondientes y podríamos descomponerlo con mucha facilidad (o la operación contraria, componerlo).



Animada como estaba preparando tarjetas, me puse también con los números romanos. Con estos lo hice muy, pero que muy simple: un folio azul para darle un poco de color y tarjetitas con las letras (varias de cada).
Las usamos junto con las de los otros números y así aprovechamos todo.


En esta entrada de Meninheira tenemos una propuesta de actividad que nosotros hemos hecho usando también las dos clases de tarjetas.
Ella tiene un imprimible de los números romanos que tiene muy buena pinta (este en concreto no lo conozco, pero sí tenemos otros de ella y nos encantan) y que ya he visto que lo han usado otras familias de algunos de los blogs que sigo.
Nosotros de momento estamos empezando así.


Y para completar el tema, deciros que se pueden encontrar diferentes juegos on line sobre números romanos y en este enlace de actividades relacionadas hay algunas para colorear, unir puntos o diseñar un reloj que creo que a B le pueden gustar.





18 de abril de 2017

Recuperar, ponerse al día


Uno de mis propósitos cuando llegamos aquí era que B volviese a coger el nivel de francés que tenía antes, ya que por diversas circunstancias no había podido seguir practicando en este idioma como a mí me hubiera gustado y perdió bastante.

Les pedí a todos que hablasen en francés con él aunque los primeros días no se enterase de mucho, al menos que lo hiciesen varios ratos cada día.
Pero él no estaba dispuesto.
Está acostumbrado a hablar en árabe con ellos y no quería hacerlo de otra manera.
Mi propuesta de ver la tele en francés también la rechazó, incluso el canal infantil donde ponían sus series preferidas (y eso que cuando estábamos en nuestra casa todos los días veíamos varios programas en francés).

En ese plan estábamos cuando hace pocos días le escuché hablando en francés con la gata.
Después se fue animando a hablar un poco con los niños y ahora ha comenzado también a decir algunas cosas a los adultos.

Confío en que se pondrá al día y recuperará el nivel que tenía antes. No sólo eso, confío en que avanzará mucho más, Insha Allah.



13 de abril de 2017

Palabras clave


En uno de los blogs que sigo me encontré con una idea que me pareció muy buena.
Como los niños a veces se confunden y no saben qué operación aritmética tienen que hacer para resolver situaciones concretas, pues se proponía elaborar una lámina (luego he visto más versiones en internet) con palabras clave que dieran pistas a los peques de lo que tenían que hacer.

Cada vez que en un problema aparecen palabras como unir, juntar, añadir, me dan, me regalan... entonces hay que sumar.
Si veo palabras como quitar, gastar, perder, regalar... entonces tengo que restar.
Si hay que repartir o hacer grupos de cantidades iguales, lo correcto es dividir.
Y si hay que sumar varias veces la misma cantidad, quiere decir que estamos multiplicando.

Al principio me pareció tan útil que enseguida pensé en hacer una de esas láminas de palabras clave para B.
Pero después lo pensé mejor.

Si ante una situación real o inventada un niño no sabe qué hacer para resolverla, entonces es que no ha entendido el concepto que hay bajo cada operación o la necesidad de hacer una cosa u otra.
Si mi hijo necesita una lista de palabras clave para saber si tiene que sumar o restar, entonces es que no está comprendiendo la situación que se le presenta.
Tendremos a niños que en vez de tratar de comprender, se pondrán a buscar palabras concretas en el enunciado. ¿Y qué pasa si la palabra que aparece en la pregunta no es ninguna de las que hemos puesto en nuestra lista?

Al final he decidido no hacerlo.
Me parece importante entender que multiplicar es sumar varias veces el mismo número y cosas así. Pero una lista de palabras clave para cada operación creo que puede volver todo demasiado mecánico y con poco espacio para razonar y descubrir por uno mismo.

¿Qué opináis? ¿Lo veis útil?



10 de abril de 2017

La madre de Edison


Hace unos días me enseñaron una de esas historias que se comparten en las redes sociales. Los protagonistas eran Thomas Alva Edison (el inventor) y su madre.
Busqué después en internet más datos y encontré diferentes versiones de la historia, incluso en un artículo se decía que era completamente inventada.
De todas formas la quiero compartir, incluso sin saber si es cierta o no, porque lo que me importa es el mensaje que transmite.

Resumiendo con mis propias palabras:
Al pequeño Edison le iba muy mal en el colegio, le costaba comprender lo que trataban de enseñarle, no avanzaba y su maestro estaba tan disgustado que le escribió una carta a su madre. En ella le decía que el niño era torpe y no entendía las cosas y que no podía hacer nada más con él, así es que ya no querían tenerle en la escuela.
Cuando el niño preguntó por el contenido de la carta, su madre decidió mentirle y le dijo que en el colegio le consideraban un niño muy inteligente, tanto que los maestros no estaban preparados para enseñar a un niño con tantas capacidades como él y por eso le recomendaban buscar una escuela mejor donde le ayudasen a llegar más lejos.
A partir de ese momento, la madre de Edison se hizo cargo de su formación y el pequeño comenzó a aprender en casa.
Muchos años después, a la muerte de su madre, Thomas encontró la carta y descubrió la verdad. Comprendió entonces el acto tan grande que su madre había hecho por él.

Como decía más arriba, comparto la historia incluso arriesgándome a que no sea real porque la moraleja sí que es real o debería serlo.
El gran acierto de la madre de Edison no fue concretamente convertirse en una madre homeschooler, sino el no permitir que su hijo quedase etiquetado como incapaz, que nadie le hiciese creer que era un niño torpe, tonto o retrasado.
El enseñar en casa fue una consecuencia de todo eso.

No permitamos que nadie haga creer a nuestros hijos que no son capaces porque lo peor seguramente no será que alguien lo piense, sino que el propio niño se lo crea.
Nunca sabremos qué hubiera pasado si Edison hubiera leído la carta verdadera cuando era pequeño, pero podemos suponerlo y valorar el impacto que tuvo la confianza y el apoyo que recibió de su madre.




7 de abril de 2017

Los niños en la cocina


Cocinar es un ritual apasionante, una habilidad para toda la vida. Es algo que normalmente enseñamos a nuestros hijos cuando ya tienen unos años. Sin embargo, permitir que los niños entren en la cocina cuando son aún pequeños puede tener ventajas que nunca imaginarías, desde que les guste comer cosas como las verduras, hasta aprender a comer más sano o relacionarse mejor con los demás. El impacto es asombroso y, por otra parte, muy sencillo de conseguir.

Cocinar es algo más que alimentarse. Es un gesto de generosidad, incluso de amor, que se siente y se disfruta.
Involucrar a los niños y hacer que conozcan las recetas familiares que hemos heredado, permite compartir y conservar nuestra cultura y crear recuerdos muy intensos.

(Texto copiado del catálogo de Ikea 2016/2017)